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Empezó el golpeteo político en Morena-Mazatlán

Por Fidel Ibarra López

Hay una máxima en política: los enemigos no están afuera, sino adentro del partido. Afuera hay adversarios circunstanciales en un proceso electoral. Adentro hay un escenario de confrontación política que involucra emociones -como el odio y el rencor- y que puede detonar incluso en escenarios de traiciones y confrontaciones más allá de lo estrictamente político. En ese sentido, un partido como espacio para acceder al poder, es un espacio de suma complejo para el individuo. Por eso, más de alguno señala que esto de la política no es para las personas “buenas”, porque lo que se pone en juego es esa parte más oscura de la naturaleza humana. Esa parte que conlleva a concebir al otro como enemigo, y en la política, como en la guerra, al enemigo se le elimina porque obstruye el cumplimiento de los objetivos en la batalla.

¿Por qué señalo lo anterior? Porque en Morena-Mazatlán ya empezó el golpeteo político. Y ello se debe a que empieza la batalla por las candidaturas rumbo a la elección del 2021. Y esa batalla implica el golpeteo político como instrumento para derrumbar las aspiraciones políticas de todo aquel que levante la cabeza -si me permiten la expresión- con miras a aparecer en la boleta. Y ese golpeteo, a medida que se van acortando los tiempos de las decisiones, se va a ir intensificando gradualmente. ¿Por quién? Fundamentalmente por los grupos que se disputan el poder al interior de Morena. Y en esos grupos se tienen a funcionarios públicos vinculados al alcalde Benítez Torres y a actores políticos y a representantes públicos vinculados al Senador Rubén Rocha Moya.

Así, la confrontación tiene que ver con el poder. Una condición que no es de ahora, sino que ha sido la impronta que ha dejado el ejercicio del poder por parte de Morena. En su momento, un servidor escribió: “los grupos de poder ya están operando en razón del 2021. Y eso los ha confrontado abiertamente. Y no hay quien medie el conflicto. ¿Resultado? Los conflictos internos se han hecho públicos y, por ende, el partido en su conjunto se observa bajo la lupa del poder por el poder. No hay quien dirija y eso genera que cada cual construya su propia lógica de poder en el estado.

El problema es que, la clase política morenista no se detiene a pensar sobre el ‘cómo están siendo percibidos por la sociedad’. Están tan metidos en la construcción de su escenario político que no están haciendo una contención de daños al interior del partido. Y eso les puede costar caro en el 2021.

Tienen un punto a favor: la aprobación que tiene ‘todavía’ el presidente López Obrador. Pero, ¿y después de López Obrador que va a pasar con Morena? Y esta interrogante no es una interrogante que se pueda pensar para el largo plazo, ni siquiera para el mediano plazo. Es una interrogante que debería constituirse en la piedra de toque para los morenistas, porque el tabasqueño está por terminar su carrera política. Pero no ocurre así. Y la clase política morenista actúa como si Obrador les fuera a ser eterno. No están construyendo para el futuro del partido, sino para la elección inmediata. Y eso los tiene extraviados.

Así, el punto central para Morena en el 2020 tiene que ver con el tema del poder. Si no gestionan adecuadamente este tema el próximo año, van a llegar desfigurados en el 2021. Un año clave para el futuro político del partido, por todo lo que está en juego

Lo anterior lo escribí el 19 de diciembre del 2019, y bien pudo haber sido escrito ayer, porque el problema ha persistido en todo este tiempo: ni han llegado a acuerdos al interior de la clase política morenista que les permitieran enfocarse en la administración del poder -y generar con ello un escenario de confianza en la sociedad a partir de desarrollar gobiernos locales que generen resultados-; ni tampoco ha menguado el nivel de confrontación entre los actores que se disputan el poder en el 2021.

En ese sentido, desaprovechada esa oportunidad política, veremos si Morena no termina integrando el mismo fenómeno que le ocurrió al PRD y que terminó por desfigurarlo como partido; esto es, el canibalismo político entre las diversas tribus que constituían el partido.

Esta próxima elección es la prueba para Morena.

A manera de colofón: Un signo de civilidad sería que los conflictos se dirimieran al interior de Morena. Y no saliera a la luz, la división que permea en el partido. No obstante, se observa difícil. Los actores políticos morenistas son muy proclives a utilizar a los medios para enviar ataques a sus correligionarios. Parte de la respuesta a esta situación se debe a la novatez de muchos de los actores que ahora ocupan una posición de poder en Morena; pero sobre todo a lo que afirmó hace unos días Ricardo Monreal: Morena no tiene una vida orgánica como partido. En ese sentido, los escenarios de conflicto político les es difícil gestionarlos porque no cuentan con un marco institucional con el cual gestionen las diferencias. No hay institucionalidad en el partido, y eso conflictúa el orden político en el partido. En su momento abordaremos con mayor profundidad este tema, porque es clave para entender el escenario de Morena. En vías de mientras, sigo sosteniendo lo que hemos venido diciendo desde fines del 2019: el poder está extraviando a Morena. Y ese extravío se observa con mayor claridad en el escenario local.

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El PRI deja solo a Mario Zamora

Por Fidel Ibarra López

¿Por qué decide impugnar los resultados electorales Mario Zamora? ¿Por qué decide dar ese paso cuando él mismo reconoció el triunfo de Rubén Rocha Moya el mismo 6 de junio? La dirigente estatal del PRI, Cinthia Valenzuela Langarica, se deslindó de esa decisión, y señaló que esa decisión fue obra por entero de Mario Zamora y su equipo jurídico y que la impugnación fue firmada por un abogado designado por el Comité Ejecutivo Nacional del CEN priista. (Enfoque Informativo, 18 de junio del 2021).

¿Qué se desprende de lo anterior? Lo evidente: que el PRI estatal deja solo al candidato que abanderó. Y para tal efecto, arguyen la siguiente justificación: que, a partir del 7 de junio, “el PRI decidió comenzar una nueva historia, y desde el lugar que los colocó la democracia por medio del voto ciudadano, empezaron a trabajar y mantenerse activos” (Ibíd.). Esta declaración se ajusta por completo a lo políticamente correcto. Y refleja la condición histórica del PRI: el pragmatismo. La verdadera ideología del partido octogenario. Y esa condición pragmática no puede cambiarla ningún actor político al interior del PRI, aún y cuando ese actor político haya sido el candidato a gobernador del propio partido.

Regresemos a la interrogante inicial: si la decisión de impugnar correspondió a Mario Zamora, ¿por qué decide dar ese paso el todavía Senador de la República? El PRI tiene una justificación política para no seguirlo: la diferencia que hay en el resultado electoral –de poco más del 24%-. ¿Pero cuál es la justificación de Mario Zamora? La justificación que ha argüido es que busca que se plasme legalmente la situación de violencia que se vivió el día de las elecciones. ¿Por qué? “Para poder ver a la cara –señala- a sus compañeros de partido, a la gente que creyó en la coalición…” (Noroeste, 19 de junio del 2021). ¿Y qué dicen algunos de esos mismos compañeros de partido que señala Mario Zamora? Que las condiciones de violencia se viven en todos los procesos electorales en Sinaloa.

¿Qué se tiene entonces en el PRI sinaloense? Dos posiciones contrapuestas: El discurso de la clase política va en el sentido de “darle la vuelta a la página”; pero quien habla de eso es aquel que quedó con una posición política de poder –por ejemplo, el futuro coordinador de la bancada priista en el Congreso Local, Ricardo Madrid Pérez (Noroeste, 18 de junio del 2021)-; pero para Mario Zamora –y su entorno-, la página todavía sigue abierta.

Agrego lo siguiente: la clase política priista sinaloense busca tender puentes con el nuevo gobierno en aras de mantenerse en el escenario. Sobre todo, cuando van a enfrentar una condición política donde ni siquiera van a ser factor de contrapeso político al gobierno del estado –ni desde los municipios, dado que no ganaron ninguna presidencia municipal; ni desde el Congreso del Estado, dado que van a contar con 8 diputados solamente-. En ese sentido, el objetivo del PRI en Sinaloa es sobrevivir políticamente en estos tres años que vienen, y para tal efecto no ven conveniente tener en contra al próximo gobernador del estado. Y menos con el peso político que va a tener Rocha Moya.

¿Y Mario Zamora? La imagen que está mostrando ante sus correligionarios de partido, es que todavía no digiere la derrota. Una posición políticamente incorrecta, de acuerdo con el librito del priista. Y, por eso mismo, lo dejan solo.

En cierta forma, la impugnación de Mario Zamora fue muy útil para la clase política priista, porque les permitió apresurarse para mostrar el apoyo a Rocha Moya. ¿O no?

A manera de colofón: ¿en cuál de las dos posiciones se situará el gobernador Quirino Ordaz Coppel? Esta pregunta es de suma pertinente, debido a que puede ser un factor que explique la posición que ha asumido el PRI ante la impugnación que ha emprendido Mario Zamora. ¿O no?

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El fracaso del PRI en Sinaloa

Por Fidel Ibarra López

El día ayer, Jesús Valdés anunció su renuncia a la dirigencia estatal del PRI ante los resultados de la elección del 6 de junio. Una decisión pertinente ante la magnitud de los resultados: el PRI perdió la gubernatura, la mayoría de los Ayuntamientos, todos los distritos locales y federales. No quedó un ápice territorial con el cual el PRI pueda emprender la lucha política contra Morena y el PAS en los próximos años. Lo único que tendrá el priismo van a ser algunos diputados en el Congreso Local por la vía plurinominal; así como algunos regidores por la misma vía en los Ayuntamientos; esto es, lo que tendrá es un escenario de un “partido chico” en el estado. De ese nivel fue el golpe al PRI sinaloense.

Ahora bien, ¿Jesús Valdés fue el responsable directo de este fracaso electoral? Un proceso en donde se involucran un conjunto de macro decisiones, no puede ser responsabilidad de una sola persona. Al contrario, involucra a un conjunto de actores políticos. ¿A quién? A aquellos que tomaron las decisiones estratégicas para organizar la campaña. Ahí están los responsables. ¿Y de qué decisiones se habla? De decisiones torales como el caso de la política de alianzas, la selección de los candidatos, hasta la articulación y organización de la estructura política para defender el voto el día de las elecciones.

Detengámonos en las dos variables que se señalan: ¿se equivocó el PRI en la política de alianzas en Sinaloa? Como es de dominio público, el PRI replicó en el estado lo que ya se había decidido a nivel nacional, la alianza con el PAN y el PRD. Una alianza política se realiza para sumar votos, pero también para construir una imagen ganadora. Como lo hemos señalado en este espacio, la alianza prianista conjuntó votos, pero restó en imagen. La alianza no fue bien recibida en las urnas. Y no lo fue, porque –y aquí me remito al ámbito nacional-, la alianza prianista no logró articular un proyecto alternativo al proyecto Obradorista. El proyecto era uno: arrebatarle el poder a Morena. ¿Para qué? La respuesta a esta pregunta implica un proyecto político de nación, y no lograron articularlo. Esa condición bajó a los estados. Y la percepción que se generó –a ras de piso- era que la lucha política de la alianza prianista era simple y llanamente, una lucha del “poder por el poder”. Dicho, en otros términos, tanto el PRI como el PAN olvidaron que en la política también cuenta la lucha en el marco de las ideas. Obviaron este aspecto, y la alianza prianista entró a la batalla del 6 de junio como una alianza “hueca” en ideas. Le apostaron todo a la estructura electoral, y no les alcanzó, fracasaron.

En el marco estatal, la alianza del PRI con el PAN y el PRD no era, desde el principio, una alianza estratégica. Era de sobra conocido, la debilidad –estructural- del PAN y del PRD. En ese sentido, era una alianza más para la percepción pública que para la lucha político-electoral. Y los resultados así lo expresan en cuanto a los votos que aportaron tanto el PAN como el PRD en los municipios donde fueron en coalición con el PRI.

En lo referente al candidato, ¿fue buena apuesta por parte del PRI la candidatura de Mario Zamora? La pregunta debe vincularse a esta otra: ¿la candidatura de Zamora unió o partió al PRI sinaloense? La pregunta es más que pertinente, por lo siguiente: el discurso reiterado de la élite priista que acompañó en el ejercicio del poder a Quirino Ordaz Coppel, señalaba una y otra vez, que la fortaleza del PRI sinaloense residía en el buen gobierno de Ordaz Coppel. Llegaron las campañas, y el candidato a gobernador no recurrió a esa supuesta fortaleza en ningún momento de la campaña. Al contrario, en su discurso hablaba de “transformar a Sinaloa”, como si fuese un candidato de oposición que pretendía sustituir al gobierno en turno. En ese sentido, ¿de qué le sirvió al priismo contar con un gobernador del propio partido? De poco o de nada. La candidatura de Mario Zamora desarmó toda la estrategia del gobernador Quirino Ordaz Coppel, éste no pudo imponer a su candidato a la gubernatura, ni tampoco a sus candidatos en los Ayuntamientos, y bajo esas condiciones dudo que le haya apostado a la candidatura de Mario Zamora.

En el Palenque de la Feria Ganadera! Con multitudinario evento, Mario  Zamora cierra campaña | Línea Directa

Ahora viene lo más difícil para el PRI: las elecciones del 6 de junio significaron un golpe brutal para el otrora partido hegemónico en el estado. Más brutal incluso, que las elecciones del 2 de julio del 2018. ¿Por qué? Porque como se señala líneas arriba, el PRI no obtuvo ningún espacio de poder. Después del 2 de julio del 2018, varios candidatos que resultaron perdedores en las elecciones, encontraron refugio en el gobierno del estado; pero ahora no hay nada. Ningún espacio para sobrevivir políticamente. Y bajo esas condiciones, es muy difícil emprender la reconstrucción del partido, ante el escenario árido con el que se va a contar después del 1 de noviembre.

Algunos priistas han hecho un llamado para definir el “rumbo del partido”, tras los resultados del 6 de junio. Un llamado entendible, pero a destiempo. El momento era el 2018. En ese tiempo, la dirigencia nacional del partido prefirió simular en torno a la “renovación del partido”. Y ahora pagan los costos.

Ahora el tema no es la renovación, sino la sobrevivencia política. ¿Por qué? Porque el PRI en Sinaloa pasó de ser el “partido en el poder” a la tercera fuerza política. Donde incluso, no será requerido para garantizar la gobernabilidad en el estado, porque Morena y el PAS tendrán las condiciones suficientes para garantizar por cuenta propia, esa facultad.

Y esa es la condición más aguda en el escenario priista: un partido puede sufrir una derrota electoral parcial en una elección, puesto que la derrota en algunos espacios se compensa con la victoria obtenida en otros lugares. Y con ello, se mantiene como un partido necesario para la élite que alcanzó el poder, porque se requiere garantizar la gobernabilidad política. No es el caso en esta ocasión. La derrota del PRI fue total y, por ende, no es necesario incluso, para garantizar la gobernabilidad en el estado.

En palabras del politólogo italiano, Giovanni Sartori, el PRI se quedó sin ninguna posibilidad de “chantaje”. Y sin esa condición, un partido deja de ser relevante para el ejercicio del poder. Pero, además, deja de ser relevante incluso para la militancia. Fue lo que le ocurrió al PAN en Sinaloa, por ejemplo: ante la imposibilidad de volver a ser gobierno, los panistas empezaron a abandonar el partido. Y ahora los vemos en Morena y en el PAS. ¿Será ese el destino del PRI en Sinaloa? Es posible.

Estas son las condiciones del PRI en el estado. Y si alguien pretende emprender la reconstrucción del partido, tendrá que hacerlo en serio… y sin maquillaje, como señalan algunos priistas.

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El falso respaldo del PT a Mario Zamora

Por Fidel Ibarra López

Los candidatos a la gubernatura cerraron campaña y ahora resta solamente, el día de la elección. Y llegado a este punto, queda observar entonces, con qué fuerza terminan los candidatos de cara al 6 de junio. De entrada, se debe señalar que la campaña orbitó en torno a los candidatos de las dos coaliciones: Rubén Rocha Moya y Mario Zamora. Tan es así, que dos de los candidatos a la gubernatura, el candidato del Verde y la candidata del PT, terminaron declinando por ambos candidatos. Y para el caso del presente artículo, centramos la atención precisamente en este aspecto. ¿Qué tan real es el respaldo, no de los candidatos que declinan, sino de los partidos que los respaldan, a los candidatos Rubén Rocha Moya y Mario Zamora?

De entrada, se debe señalar que la declinación de los candidatos del Verde y del PT, es parte del juego táctico y estratégico que se tiene en una campaña electoral. Y tiene dos propósitos en ese marco: impactar mediáticamente a la imagen de la campaña del candidato que se va a respaldar y sumar votos el día de la elección. El riesgo está en que, al final del día, la declinación se quede en lo mediático solamente, porque no abonan votos a la campaña. Y aquí está el quid de la cuestión: ¿le va a aportar votos el Verde a Rubén Rocha Moya y el PT a Mario Zamora? Si se observa, la interrogante se traslada a los partidos, porque son estos los que ponen a funcionar la base electoral con que cuentan, a favor de la estrategia que han planificado. Lo cual nos lleva a una segunda pregunta: ¿está en la estrategia del Verde el respaldo a Rubén Rocha Moya? Por completo. El movimiento del partido fue directo hacia ese propósito: no solamente el respaldo se manifestó a favor del candidato a gobernador, sino al mismo tiempo, algunos candidatos del Verde a las presidencias municipales han declinado a favor de los candidatos de Morena. Y los que se mantienen en la contienda, sostienen el apoyo a Rocha Moya. En ese sentido, el respaldo ha sido directo y sin cortapisas.

¿Y en el caso del PT? Mario Zamora –como indica el librito-, presentó con bombo y platillo, que un candidato a la gubernatura declinaba a su favor. Sin embargo, para este caso: ¿el respaldo de la candidata petista Gloria González representa, al mismo tiempo, el respaldo del partido? Si se compara con lo que ocurrió con el Verde, la respuesta es NO. Y eso queda manifiesto con los candidatos a las presidencias municipales: el candidato del PT en Ahome, el de Navolato y el de Escuinapa, por poner un ejemplo, apoyan a Rocha Moya.

Bueno, hasta Fernández Noroña a través de sus redes sociales manifestó el apoyo del partido a favor de Rocha Moya.

¿Qué significa entonces el respaldo de Gloria González a Mario Zamora? Un respaldo mediático. Abajo, no hay tal respaldo del partido. La candidata se fue sola en esa decisión. Y lo que generó solamente es que se acelerara –abajo- el apoyo del PT a la candidatura de Rocha Moya.

En ese sentido, el respaldo del PT a Mario Zamora, es un falso respaldo. Y es falso, porque no se va a manifestar en las urnas el 6 de junio.

Al menos, eso es lo que indica la evidencia empírica.

Al tiempo…

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