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Estatal

El fracaso del PRI en Sinaloa

Por Fidel Ibarra López

El día ayer, Jesús Valdés anunció su renuncia a la dirigencia estatal del PRI ante los resultados de la elección del 6 de junio. Una decisión pertinente ante la magnitud de los resultados: el PRI perdió la gubernatura, la mayoría de los Ayuntamientos, todos los distritos locales y federales. No quedó un ápice territorial con el cual el PRI pueda emprender la lucha política contra Morena y el PAS en los próximos años. Lo único que tendrá el priismo van a ser algunos diputados en el Congreso Local por la vía plurinominal; así como algunos regidores por la misma vía en los Ayuntamientos; esto es, lo que tendrá es un escenario de un “partido chico” en el estado. De ese nivel fue el golpe al PRI sinaloense.

Ahora bien, ¿Jesús Valdés fue el responsable directo de este fracaso electoral? Un proceso en donde se involucran un conjunto de macro decisiones, no puede ser responsabilidad de una sola persona. Al contrario, involucra a un conjunto de actores políticos. ¿A quién? A aquellos que tomaron las decisiones estratégicas para organizar la campaña. Ahí están los responsables. ¿Y de qué decisiones se habla? De decisiones torales como el caso de la política de alianzas, la selección de los candidatos, hasta la articulación y organización de la estructura política para defender el voto el día de las elecciones.

Detengámonos en las dos variables que se señalan: ¿se equivocó el PRI en la política de alianzas en Sinaloa? Como es de dominio público, el PRI replicó en el estado lo que ya se había decidido a nivel nacional, la alianza con el PAN y el PRD. Una alianza política se realiza para sumar votos, pero también para construir una imagen ganadora. Como lo hemos señalado en este espacio, la alianza prianista conjuntó votos, pero restó en imagen. La alianza no fue bien recibida en las urnas. Y no lo fue, porque –y aquí me remito al ámbito nacional-, la alianza prianista no logró articular un proyecto alternativo al proyecto Obradorista. El proyecto era uno: arrebatarle el poder a Morena. ¿Para qué? La respuesta a esta pregunta implica un proyecto político de nación, y no lograron articularlo. Esa condición bajó a los estados. Y la percepción que se generó –a ras de piso- era que la lucha política de la alianza prianista era simple y llanamente, una lucha del “poder por el poder”. Dicho, en otros términos, tanto el PRI como el PAN olvidaron que en la política también cuenta la lucha en el marco de las ideas. Obviaron este aspecto, y la alianza prianista entró a la batalla del 6 de junio como una alianza “hueca” en ideas. Le apostaron todo a la estructura electoral, y no les alcanzó, fracasaron.

En el marco estatal, la alianza del PRI con el PAN y el PRD no era, desde el principio, una alianza estratégica. Era de sobra conocido, la debilidad –estructural- del PAN y del PRD. En ese sentido, era una alianza más para la percepción pública que para la lucha político-electoral. Y los resultados así lo expresan en cuanto a los votos que aportaron tanto el PAN como el PRD en los municipios donde fueron en coalición con el PRI.

En lo referente al candidato, ¿fue buena apuesta por parte del PRI la candidatura de Mario Zamora? La pregunta debe vincularse a esta otra: ¿la candidatura de Zamora unió o partió al PRI sinaloense? La pregunta es más que pertinente, por lo siguiente: el discurso reiterado de la élite priista que acompañó en el ejercicio del poder a Quirino Ordaz Coppel, señalaba una y otra vez, que la fortaleza del PRI sinaloense residía en el buen gobierno de Ordaz Coppel. Llegaron las campañas, y el candidato a gobernador no recurrió a esa supuesta fortaleza en ningún momento de la campaña. Al contrario, en su discurso hablaba de “transformar a Sinaloa”, como si fuese un candidato de oposición que pretendía sustituir al gobierno en turno. En ese sentido, ¿de qué le sirvió al priismo contar con un gobernador del propio partido? De poco o de nada. La candidatura de Mario Zamora desarmó toda la estrategia del gobernador Quirino Ordaz Coppel, éste no pudo imponer a su candidato a la gubernatura, ni tampoco a sus candidatos en los Ayuntamientos, y bajo esas condiciones dudo que le haya apostado a la candidatura de Mario Zamora.

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Ahora viene lo más difícil para el PRI: las elecciones del 6 de junio significaron un golpe brutal para el otrora partido hegemónico en el estado. Más brutal incluso, que las elecciones del 2 de julio del 2018. ¿Por qué? Porque como se señala líneas arriba, el PRI no obtuvo ningún espacio de poder. Después del 2 de julio del 2018, varios candidatos que resultaron perdedores en las elecciones, encontraron refugio en el gobierno del estado; pero ahora no hay nada. Ningún espacio para sobrevivir políticamente. Y bajo esas condiciones, es muy difícil emprender la reconstrucción del partido, ante el escenario árido con el que se va a contar después del 1 de noviembre.

Algunos priistas han hecho un llamado para definir el “rumbo del partido”, tras los resultados del 6 de junio. Un llamado entendible, pero a destiempo. El momento era el 2018. En ese tiempo, la dirigencia nacional del partido prefirió simular en torno a la “renovación del partido”. Y ahora pagan los costos.

Ahora el tema no es la renovación, sino la sobrevivencia política. ¿Por qué? Porque el PRI en Sinaloa pasó de ser el “partido en el poder” a la tercera fuerza política. Donde incluso, no será requerido para garantizar la gobernabilidad en el estado, porque Morena y el PAS tendrán las condiciones suficientes para garantizar por cuenta propia, esa facultad.

Y esa es la condición más aguda en el escenario priista: un partido puede sufrir una derrota electoral parcial en una elección, puesto que la derrota en algunos espacios se compensa con la victoria obtenida en otros lugares. Y con ello, se mantiene como un partido necesario para la élite que alcanzó el poder, porque se requiere garantizar la gobernabilidad política. No es el caso en esta ocasión. La derrota del PRI fue total y, por ende, no es necesario incluso, para garantizar la gobernabilidad en el estado.

En palabras del politólogo italiano, Giovanni Sartori, el PRI se quedó sin ninguna posibilidad de “chantaje”. Y sin esa condición, un partido deja de ser relevante para el ejercicio del poder. Pero, además, deja de ser relevante incluso para la militancia. Fue lo que le ocurrió al PAN en Sinaloa, por ejemplo: ante la imposibilidad de volver a ser gobierno, los panistas empezaron a abandonar el partido. Y ahora los vemos en Morena y en el PAS. ¿Será ese el destino del PRI en Sinaloa? Es posible.

Estas son las condiciones del PRI en el estado. Y si alguien pretende emprender la reconstrucción del partido, tendrá que hacerlo en serio… y sin maquillaje, como señalan algunos priistas.

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Rubén Rocha Moya lamenta asesinato de morenistas Román Rubio y Esteban López; exige esclarecer los hechos

– El gobernador electo de Sinaloa lamentó los hechos que costaron la vida de los dos compañeros morenistas y expresó sus sentidas condolencias a sus familiares.

CULIACÁN, Sinaloa — En relación a los lamentables asesinatos, ocurridos en el municipio de Sinaloa, de Román Rubio López, excandidato por Morena del sexto distrito, y Esteban López Beltrán, quien fue coordinador de campaña de la candidata de Morena por la alcaldía de ese municipio, Mónica Nava, el gobernador electo Rubén Rocha Moya pidió a las autoridades actuar de inmediato para esclarecer los hechos y castigar a los responsables.

“Pedirles a las autoridades correspondientes que actúen de inmediato, que hagan la investigación que corresponde, con toda responsabilidad y apego a derecho, imparcial, diligente”, puntualizó.

“En este momento es cuando se pueden esclarecer los hechos, y que le entreguen a la sociedad, a los familiares, a todos nosotros los compañeros de Esteban y de Román los resultados, que espero sean esclarecedores con respeto a los responsables del asesinato de nuestros compañeros”.

Rocha Moya lamentó los hechos que costaron la vida de los dos compañeros morenistas y expresó sus sentidas condolencias a sus familiares.

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La “Agenda 24” del PAS

Por Fidel Ibarra López

En días pasados el dirigente del PAS dio a conocer una “pieza discursiva” con la cual va a delinear su estrategia y su discurso político de aquí a las elecciones del 2024. La pieza discursiva es “Agenda 24”, un vocablo que tiene más de un sentido político: En primer lugar, indica que la acción política del PAS no se detiene con el fin de las elecciones. Al contrario, se prosigue el trabajo político una vez que se consiguieron los objetivos políticos en el 2021. En ese sentido, la “Agenda 24” es la vía donde se encuadrarán los objetivos políticos para las próximas elecciones. En segundo lugar, el vocablo “Agenda 24” es la evocación de la concepción que Cuén Ojeda tiene de la política. Para el líder estatal del PAS, las campañas electorales se ganan antes de la elección. ¿Cómo? Haciendo los acuerdos, las alianzas y la organización de la estructura política para la operación de la campaña política. Un trabajo que se hace con años y meses de antelación. Lo anterior es una concepción que va en contrasentido de lo que comúnmente hace la clase política: esta última se “mueve y opera” hasta que los tiempos políticos se van acercando. Cuén Ojeda no se encuadra en esa línea. Y en parte esa forma de concebir la política fue la que le permitió alcanzar los objetivos políticos el 6 de junio. Lo anterior bien se puede señalar, en otros términos: la clave para Cuén Ojeda está en la planeación estratégica antes que en el trabajo organizativo para el periodo previo y durante las elecciones. Bajo este marco, Cuén Ojeda bien puede ser calificado como un “animal político” desde la vieja concepción aristotélica. Vive, come y respira política. No se da un descanso. A grado tal, que ya inició los preparativos rumbo al 2024.

Me quiero detener en el segundo punto; esto es, en la preparación del terreno rumbo al 2024. Y para tal efecto, parto de lo siguiente: recientemente, Cuén Ojeda anunció en rueda de prensa, la integración de Roberto Osuna, mejor conocido como “el Zeuss” a las filas del PAS. Roberto Osuna es un cuadro político, como es de dominio público, que proviene del PAN. En su momento fue integrado al gobierno de Quirino, algo que no fue bien visto por ciertos cuadros políticos al interior del PAN. A grado tal, que en las pasadas elecciones ni siquiera fue considerado como una carta para alguna de las candidaturas que le correspondían al albiazul en el acuerdo de la alianza con el PRI. Y ese desaire, junto con las nulas perspectivas de poder que ofrece el PAN, es lo que origina la salida de Roberto Osuna del panismo. Una salida de un “cuadro histórico” del PAN, dado el tiempo que Roberto Osuna permaneció en el partido. En ese sentido, el PAN pierde una carta importante y el PAS no gana solamente un militante, sino tiene de facto, una carta política para las próximas elecciones del 2024. 

De igual manera, Cuén Ojeda anunció la reunión que sostuvo con el ex Diputado Federal, Manuel Meléndez Franco, y con el ex diputado local, Jaime Tirado. En este caso, el anuncio fue de “reunión”, no de “adhesión” de ambos cuadros al partido. Pero cuando se celebran reuniones entre políticos, no es solamente para “compartir el café”, sino para hablar sobre el escenario. Y sobre las posibilidades que se tienen en “ese escenario”. ¿Posibilidades de qué? De converger. Y esas posibilidades se materializan en función de que se “acercan intereses” y se llegan a acuerdos.

Y esta última parte es necesario señalar lo siguiente: un partido político puede atraer a otros cuadros políticos en función de las condiciones que tiene de ofrecer “perspectivas de poder en el futuro”. Y lo anterior opera con mayor ahínco cuando se trata de cuadros experimentados, como el caso de Manuel Meléndez Franco, y del ex diputado local, Jaime Tirado. Caso contrario ocurre con el PAN. ¿Por qué se están yendo los cuadros importantes del partido desde hace dos años? Precisamente, porque el partido no ofrece perspectivas de poder. Además de que se desfiguró ideológicamente al hacer la alianza con el PRI.

Pero centrémonos en el PAS. El partido puede atraer a cuadros como Roberto Osuna, por el liderazgo de Cuén Ojeda, pero sobre todo por las perspectivas políticas que ofrece el partido. Y en este punto, Cuén Ojeda tiene una ventaja: ante la debilidad política en la que se ubica el PRI y el PAN en el estado, es muy factible que se presente un escenario de migración política por parte de los militantes de esos partidos. Y a donde podrían migrar es hacia el PAS. ¿Por qué? Porque en Morena lo menos que quieren es que se integren otros actores políticos que les disputen las posiciones de poder. Al contrario, si por ellos fuera, harían una purga de los militantes priistas que en su momento se sumaron al partido. El caso del PAS es distinto. El partido morado busca la consolidación del partido. Y ello se logra, por un lado, si se mantiene lo que se ganó el 6 de junio; y, por otro lado, si se consigue ampliar el espectro de influencia del partido en otros municipios. Y la vía para alcanzar eso, es a través de la suma de los cuadros políticos que puedan coadyuvar en ese propósito. Y la “Agenda 24” se instala en esa hoja de ruta.

Termino con lo siguiente: la “Agenda 24” es también un mensaje político para quien va a asumir el poder el 1 de noviembre. Mientras Rubén Rocha Moya está planeando su gabinete de gobierno, Cuén Ojeda ya está operando hacia la próxima elección.

De ese tamaño es Cuén Ojeda.

Vive, come y respira política.

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¿Cogobierno entre Morena y el PAS en Sinaloa?

Por Fidel Ibarra López

Rubén Rocha Moya y el líder estatal del PAS, Héctor Melesio Cuén Ojeda, son los actores políticos más visibles en este momento. Ambos están operando. Se mueven. Y realizan reuniones en escalas distintas. El primero, tiende puentes con actores claves del gabinete a nivel federal –la reunión con Marcelo Ebrard no es casual, para nada-, y el segundo se reúne con su estructura de poder; es decir, con la estructura con la cual va a cogobernar con Morena desde el Congreso Local y los Ayuntamientos. En suma, ambos perfilan su estrategia de cara al escenario después del 1 de noviembre.

Hay que detenerse en el concepto de “cogobierno”, porque es el concepto clave para el análisis que nos ocupa en el presente artículo. Cuando se habla de cogobierno, no nos estamos refiriendo al tipo de gobernanza que se establece entre gobierno y sociedad civil organizada –por la capacidad, los recursos e independencia de actores sociales que conforman la sociedad-. (Villanueva, 2020; p. 95). Esta concepción teórica de “cogobierno”, es la concepción que los académicos especialistas en la materia han articulado para referirse a ese tipo de gobernanza donde la sociedad –otra vez, por el nivel de organización, modernidad y desarrollo-, coadyuva con el gobierno en la construcción de la gobernabilidad. No es el caso. Para el caso que nos ocupa, cuando nos referimos a “cogobierno” lo hacemos desde la perspectiva de la gobernanza por gobierno; es decir, a aquella gobernanza donde la gobernabilidad depende por entero del gobierno. Sólo que, en este caso, ese gobierno estaría compuesto por dos fuerzas políticas: Morena y el PAS.

Y aquí viene la pregunta clave: ¿estamos ante un escenario donde pueden confluir ambos partidos en el ejercicio del poder desde el gobierno del estado? Lo anterior conlleva pasar de una coalición electoral a una coalición en el gobierno. Y aquí estamos ante otro concepto clave. El gobierno de coalición cobra relevancia y factibilidad para aquél gobernante que se ubica en un marco de un gobierno sin mayorías. En ese marco, es fundamental construir alianzas con otras fuerzas políticas para la construcción de las mayorías que no fueron resultado de las urnas.

En el caso de Sinaloa, las condiciones son distintas: el gobernador electo, Rubén Rocha Moya llegó al poder acompañado del PAS. Una condición que demandó ante el CEN Morenista, si no, no iría como candidato. Concebía de inicio que, al ir en alianza con el pasismo, se tendría un escenario más adecuado para ganar la elección. Logró el triunfo de forma holgada. Y ahora, la pregunta es: ¿considerará el gobernador electo, Rubén Rocha Moya, que requiere al PAS para garantizar la gobernabilidad en el estado?

Esta pregunta es clave: el PAS contará con 8 diputados locales y 6 alcaldes en el estado –directos del partido-; así como 33 regidores en todo el estado. Y en todos los municipios donde ganó la alianza Morena-PAS, el Síndico Procurador proviene de este último partido. En ese sentido, el PAS, de acuerdo con los resultados electorales del 6 de junio, es la segunda fuerza política en el estado. O, dicho en otros términos, contiene un tercio del poder en el estado –visto en términos de la geografía electoral-. Y como tal, es un factor determinante para la construcción de la gobernabilidad en el estado.

Integro en una pregunta final: ¿qué implicaría un gobierno de coalición en el gobierno de Rocha Moya? Integrar a actores del pasismo en el gabinete Rochista. Eso implica. Y si hablamos de un gobierno de coalición –en aras de construir la gobernabilidad en el estado-, una de esas posiciones a compartir con el pasismo podría ser precisamente la Secretaría General de Gobierno, instancia encargada –a decir del propio gobierno del estado (actual)- “de las políticas y normatividades públicas que rigen la vida y desarrollo del estado”, lo que no es otra cosa que la gobernabilidad interna del estado.

¿Y quién podría ser esa figura del pasismo? El propio Héctor Melesio Cuén Ojeda. De hecho, un ejercicio de cogobierno entre Morena y el PAS inicia, precisamente con la integración de Cuén Ojeda al gabinete de Rocha Moya. Ahora bien, ¿es posible ese movimiento? Por supuesto que sí. Agrego dos apuntes al respecto: 1) En la reciente visita a la Cd. de México por parte de Rocha Moya, hay una imagen que se debe leer con atención: en esa imagen se observa a Rocha Moya, a Mario Delgado, a Cuén Ojeda y a Víctor Antonio Corrales Burgueño. Estos dos últimos son las cabezas más visibles del pasismo en el estado. Ahora, -y este es el punto central- si no hubiese proyecto político entre Morena y el PAS, una postal de ese tipo no hubiese tenido lugar; y 2) Cuén Ojeda es una figura que le puede generar el marco de gobernabilidad que el gobierno de Rocha Moya necesita, mientras este último se ocupa de la generación de resultados de gobierno.

Sobre esto último se ha especulado mucho en estas tres últimas semanas. Y se entiende, al no tener posibilidad de ser Diputado Local por la vía de la representación proporcional, la pregunta obligada es: ¿cuál es el futuro político de Cuén Ojeda? Un servidor lo observa en el gabinete de Rocha Moya. Y si ese movimiento tiene lugar, entonces en Sinaloa estaremos presenciando para los próximos años un gobierno “Morenopasista”.

Un gobierno, en términos de gobernabilidad, muy favorable para Rocha Moya; pero es el peor escenario para la oposición… porque no serían requeridos para la construcción de la gobernabilidad.

Al tiempo…

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