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Nacional

La inseguridad amenaza hasta con separar el país

Por Fidel Ibarra López

Los políticos suelen sacarle la vuelta al problema de la inseguridad. Es un tema que no les gusta, les genera urticaria. Y prefieren hablar poco sobre el tema como si con eso desapareciera el problema del mapa. No obstante, mientras los políticos hacen como que la “virgen les habla” en este tema, los medios de comunicación construyen una percepción en el ciudadano a través de la publicación de los hechos delictivos que se suscitan. Y esa percepción es la que termina minando la legitimidad del gobernante. Lo cual nos lleva a lo siguiente: la inatención del problema de la inseguridad se constituye en un bumerang para el gobernante porque representa un costo político para su administración. Situación que se materializa el día de las elecciones.

No obstante, el costo de la inseguridad es todavía mayor para el Estado en su conjunto. Me explico: si un Estado-nación no hace valer el poder del Estado, en el mediano y largo plazo se crean las condiciones para tener una sociedad anómica; esto es, una sociedad donde no se respeten las normas y la convivencia humana se regule a través de la fuerza. Dicho con otras palabras: si el Estado no hace valer el monopolio de la violencia -como diría Weber-, entonces otros poderes (fácticos) se ocuparán de hacerlo. Y con ello se deslegitima el poder del Estado.

En una sociedad, para que se mantenga el orden, el Estado debe aplicar la fuerza. Y ello es vital para la vida institucional y política del Estado. En cierta forma, al individuo le debe de quedar claro que, si trasgrede la ley, va a recibir un castigo. Si eso no ocurre, el Estado cava su propia tumba, porque los individuos tenderán a cometer delitos sabedores de que no les va a ocurrir nada. La aplicación de la fuerza y de la ley es la vía para mantener el orden en la sociedad.

Sin embargo, el Estado es una abstracción. Y la responsabilidad viene terminando en un conjunto de gobernantes que, resguardándose en una serie de “lugares comunes”, le dan la vuelta a la responsabilidad y no hacen valer el estado de derecho. Y los delitos se multiplican. Y no parece haber salida a este caos que se tiene enfrente.

El caos no es propio de un estado en específico. Se extiende a cualquier estado del país y se multiplica en una serie de delitos variados: secuestro, asesinatos, robo de vehículos, robos (o daños) a la propiedad privada, feminicidios, trata de blancas, etc. Y lo mismo que se criticaba a gobiernos anteriores, ahora se enjuicia al régimen en turno. No hay salida, piensa la ciudadanía. Es lo mismo con todos los gobiernos. Ninguno puede con el problema. En ese sentido, la sociedad pierde la confianza y le retira el respaldo al gobernante. Otra vez, lo deslegitima. Y le da la espalda.

Y lo peor es lo siguiente: la oposición que salió del poder por la incapacidad de enfrentar la inseguridad, ahora con ese mismo problema pretende dinamitar al régimen en turno. Lo cual significa que, además del monstruo que tenemos enfrente, aparte debemos lidiar con la mezquindad de la división.

Estamos divididos como sociedad. Y eso es de suma grave, puesto que estamos imposibilitados para construir una salida a este infierno.

Y más que una salida, lo que se ha construido es un nudo gordiano; es decir, un nudo que no tiene como desenredarse. Y que por ello mismo se podría profundizar todavía más el problema. ¿Cómo? La inseguridad interior sitúa en una condición de debilidad política a nuestro país frente a los Estados Unidos. Un escenario de intervención estadounidense no es descartable en el futuro. O en su defecto, un escenario de balcanización tampoco es descartable. De hecho, algunos gobernadores del norte del país han hecho más de un pronunciamiento separatista. Lo cual significa que hemos llegado a una sima, y nos hemos hundido gravemente como sociedad y gobierno.

Pero lo más grave aún es que tal parece que todavía no tocamos fondo.

Aún no hemos visto lo peor: una intervención estadounidense o una balcanización del país son escenarios más que posibles. Y aquí cabe una pregunta: ¿acaso fue este el propósito que se buscó desde el inicio, balcanizar el país? Tampoco es descartable. Nada más que, si ese fue el propósito, habrá que ver en qué nivel fueron partícipes los ex presidentes -y ex gobernadores- para generar un estado de inseguridad en México y con ello propiciar un escenario de estado fallido. Y lo afirmo en ese sentido, porque si algo se ha probado -a partir de la desclasificación de los documentos del asesinato de Kennedy en los Estados Unidos- es que varios ex presidentes han fungido como agentes de la CIA -por ejemplo, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría-.

Es por ello que un servidor ha señalado que se necesita rescatar el Estado. Y para ello se requiere del retorno de la presidencia imperial. Esa a la que tanto le temen los intelectuales liberales en México.

Pero no hay otra salida. Requerimos retornar al pasado para salir del infierno en que nos encontramos. Y el pasado nos dice que cuando este país ha estado en una condición de convulsión y confrontación política-militar al grado de ponerse en riesgo la viabilidad del país en su conjunto, se ha tenido que recurrir a la figura del gobernante poderoso para recuperar la unidad.

Sé que un pronunciamiento de este tipo es políticamente incorrecto decirlo, puesto que los defensores de la democracia están luchando para acotar esta presidencia Obradorista, pero su mirada es limitada. Me explico: se pretende acotar una presidencia para proteger la democracia, pero los problemas que están amenazando la seguridad nacional no están acotados. Al contrario, los grupos del crimen organizado se han empoderado en grandes extensiones de la geografía nacional. Y ahora tenemos un Estado -el del crimen organizado- determinando las condiciones en las que debe operar la sociedad.

Si no recupera el Estado esos territorios que el crimen organizado le ha arrebatado, las dos opciones que expusimos líneas arriba son más que posibles: una intervención militar estadounidense o una balcanización -separación- del país.

Al tiempo…

Nacional

Por tragedia fatal, la Feria de Chapultepec cierra sus puertas

– En septiembre, dos jóvenes murieron al descarrilarse “La Quimera”, que es una especie de montaña rusa.

CIUDAD DE MÉXICO, Mex — La Feria de Chapultepec informó en un comunicado que las autoridades de la Ciudad de México le notificó la terminación del permiso para seguir operando, tras el accidente del 28 de septiembre en el juego mecánico La Quimera, donde fallecieron dos personas y dos más resultaron lesionados.

“Tenemos certeza de que en las diferencias instancias analizarán la situación y se emitirá una resolución con estricto apego a derecho”, publicó en el comunicado.

La Feria pidió el apoyo de las autoridades para poder esclarecer los hechos y así determinar el futuro del parque.

La empresa señaló que han estado colaborando en todo momento con las autoridades capitalinas y han aportado toda la información para determinar la causa del accidente y apoyando a los afectados y a sus familias.

“La Feria de Chapultepec es la primera interesada en conocer las causas del mismo (del accidente). Tenemos un compromiso con los afectados y sus familias, con nuestros más de 450 colaboradores y con nuestros visitantes”, afirmó

La Operadora de Desarrollo Humano Chapultepec, empresa que opera la Feria, solicitó la participación de un perito acreditado como inspector certificado en juegos mecánicos por la National Association of Amusemente Ride Safety and Officials, así como por las asociaciones internacionales más prestigiadas de la industria para que venga al país para determinar las causas del accidente, quien llegó el martes pasado.

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Nacional

Morena y el problema del poder

Por Fidel Ibarra López

Morena es la organización política más poderosa en este momento en México, pero le está costando el poder. La batalla que se está dando al interior del partido por la dirigencia nacional está desfigurando la imagen de Morena. Y el problema se agrava por dos razones: En primer lugar, Morena en esencia es un movimiento social hecho partido, y como tal todavía no cuenta con una vida institucional que lo articule. El centro que mantiene los equilibrios es López Obrador; pero a decir de algunos senadores, como el caso de Citlalli Hernández, no se quiere meter en la elección y eso es lo que tiene en crisis al partido (Milenio, 6 de octubre del 2019). La declaración es grave: reconocer que sin la figura del líder el partido cae en la anarquía, es asumir que internamente el partido requiere para funcionar el arbitraje de López Obrador.

En segundo lugar, la lucha por el poder al interior del partido está exponiendo las contradicciones internas de Morena. Contradicciones que desnudan la altura de miras de los que llegaron al poder con un discurso de “transformación” y de “cambio”, pero que a la hora de la disputa por el poder están mostrando la misma piel de los que se fueron. Un ejemplo para mostrar lo anterior: Yeidckol Polevnsky -actual dirigente nacional de Morena- hizo una declaración pertinente si se atiende la lucha interna que se vive en el partido, pero desafortunada en todos los sentidos si se observa desde fuera de Morena. Señaló que Gabriel García, actual encargado del Programa de los Siervos de la Nación, está respaldando a Bertha Luján -candidata a la dirigencia nacional- con todos los programas sociales. Una declaración de ese tipo dinamita, por un lado, el discurso de López Obrador en el sentido de que los programas sociales no se iban a utilizar con fines electorales. Y, por otro lado, destruye el celofán de pureza con el cual se cubría el discurso político de los morenistas.

En cierta forma, no se necesitó que los adversarios de Morena desnudaran la naturaleza política de los Morenistas a través del ataque político, ellos mismos se están encargando de hacerlo. Y para ello bastó solamente el cambio de la dirigencia nacional.

Hay un elemento adicional que está aflorando con esta batalla política: hay por lo menos una división evidente entre los que llegaron a Morena con las elecciones del 1 de julio y los Morenistas de cepa que iniciaron el partido. A los primeros se les está señalando como “arribistas” y se les identifica como ex perredistas, ex priistas y demás. El señalamiento en cierta forma es injusto: en su momento, Morena -y el propio López Obrador- buscó esa alianza con los militantes de otros partidos por cuestiones tácticas. Y era entendible: se necesitaban votos. Sin embargo, ahora parece que se reniega de esos que en su momento se invitó al movimiento. Y pareciera que lo que se pretende es hacer una purga interna, y depurar al partido de todos aquellos que arribaron a Morena sin más intención que la búsqueda del poder. ¿Es así? Lo ignoro; pero ese es el mensaje que se lee desde fuera.

Agrego lo siguiente: esta confrontación entre “morenistas”, “ex perredistas” y “ex priistas” también se está presentando en lo local. Y se entiende: en lo local la batalla tiene que ver con la elección del 2021; esto es, con el poder.

El poder está dañando seriamente a Morena. Y corre el riesgo de una fractura. ¿Lo saben los morenistas? Por supuesto que sí, pero aun con ello no amainan su confrontación. Y a través del discurso exponen sus contradicciones internas, y la prensa escrita -y digital- se encarga de exponerlas diariamente. Golpeando con ello la imagen del partido.

Lo expongo en otro sentido y de forma simple: bastó que Obrador se alejara del partido para que los morenistas exhibieran las contradicciones internas que les genera el poder. No saben cómo gestionarlo. Y cada vez que un actor político se mueve, el nudo se aprieta más.

Y la pregunta obligada es: ¿qué va a ser de Morena una vez que Obrador deje su presidencia de la república? Esta pregunta abre una gran incógnita, puesto que no hay relevo que lo sustituya.

Por último, me detengo en una declaración de René Bejarano, el líder del Movimiento Nacional por la Esperanza. Señala que en Morena se deben evitar las divisiones al interior del partido, puesto que ello puede truncar el proyecto político de López Obrador. Y para fundamentar lo anterior, afirma que:

“Cuando se dividió la coalición de Brasil de las fuerzas de izquierda se abrió el camino para la destitución de Dilma Rouseff; cuando se fragmentó la coalición en Argentina se abrió el camino para que ganara Mauricio Macri…” (Milenio, 5 de octubre del 2019). Bejarano tiene razón. No obstante, la división en Morena no se va a detener a través de la “buena voluntad” de los grupos que integran al partido. Esto requiere de política. Y en ese plano, hay dos elementos claves: 1) Los morenistas deben discutir con seriedad las contradicciones internas del partido. Y para ello se requiere de un análisis serio para que identifiquen esas contradicciones y las confronten como organización; y 2) Morena debe discutir con seriedad cuáles son las etapas de desarrollo del proyecto político; esto es, hacia dónde va el proyecto político, y cuáles son los procesos que lo integran. Se puede agregar un tercer elemento: ¿cuáles son las tendencias históricas que se avecinan y en qué situación se debe mantener el partido?

Estas preguntas claves son las que deberían estar discutiendose en Morena. Y no la simple y vulgar disputa por el poder. ¿O no?

Si no reflexionan en Morena, el poder los puede ahogar.

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Nacional

¿Quién gana con la violencia en México?

Por Fidel Ibarra López

¿Quién gana con la violencia en México? En primer lugar, la violencia es un negocio. Y alrededor de ésta opera toda una industria armamentista que es la que mayormente está saliendo beneficiada con esta guerra fratricida que se vive en México desde el 2007. ¿Cuánto ha ganado esa industria con esta guerra atroz? Lo desconozco, pero la suma es multimillonaria. A esa industria no le conviene para nada que se alcance un proceso de paz en México. La paz no conviene al negocio. La muerte, el odio y la guerra entre carteles es lo que les deja el dinero.

En segundo lugar, se acusa a nuestro país por el tráfico de drogas que se genera hacia los Estados Unidos; pero en realidad, esa droga -y las ganancias que genera- representan un jugoso negocio para la economía estadounidense. La ganancia que se queda de este lado es una propina si se consideran las ganancias que se generan en los Estados Unidos.  En cierta forma, si desde nuestro país se tuviese un presidente de la república que detuviese por completo el tráfico de drogas hacia nuestro vecino del norte, el propio gobierno estadounidense se encargaría de derrocarlo. La droga alimenta un mercado, genera ganancias e inyecta recursos al sistema financiero estadounidense. Y con este último se tiene una palanca con la cual se ejerce presión en el sistema financiero internacional.

El gobierno estadounidense presiona a los países productores; pero esa presión es parte del juego público. En la realidad ese negocio se alimenta desde los Estados Unidos, porque ese negocio es estratégico para la economía estadounidense.

Así, ¿quién gana con la violencia en México? En el exterior, gana la industria armamentista estadounidense. Y con el trasiego de drogas, la industria financiera estadounidense. Ahí están los verdaderos zares del negocio. Los capos que se tienen en México son niños de pecho en comparación con esos tipos.

¿Y hacia el interior? Los beneficiados son varios. Desde que surgió el narcotráfico en México, el gobierno mexicano se superpuso a los narcotraficantes que se dedicaron a la producción de los estupefacientes. Y con ello controlaban el negocio. Negocio que alimentaba carreras políticas, así como a la economía formal. Cuando entró el PAN al poder, el asunto se salió de control. Y los cárteles cobraron independencia y se superpusieron al poder del Estado. Ahora ya no se les puede controlar. Ni las actividades que realizan, ni la violencia que generan.

Pero el nivel de violencia al que hemos llegado en México está afectando a todo el sistema. Y está poniendo en riesgo al país en su conjunto. En este punto, las cabezas del crimen organizado en México deberían pensar como estrategas empresariales. A nadie conviene la violencia. Ni a su negocio, ni al poder político en México. Al contrario, con la violencia, Estados Unidos gana en todos los frentes: gana su industria armamentista y gana el propio gobierno estadounidense porque la violencia le permite constituir una presión constante y permanente hacia el gobierno federal. Y ello vulnera la soberanía nacional.

¿Qué hacer? En la experiencia internacional está la clave. ¿Rusia, China, Japón o Estados Unidos no cuentan con un crimen organizado? Por supuesto que sí… pero funcionan como una Cosa Nostra que no pone en riesgo el sistema político ni tampoco la seguridad de los ciudadanos. La violencia hace infuncional el negocio. Y en todo caso, si se tiene que generar negocio a través de la violencia, ésta se genera allende las fronteras -como en el caso de México-.

¿Se necesita en México una Cosa Nostra? No lo quiero plantear en esos términos; pero el nivel de violencia que se tiene en nuestro país es un infierno. ¿Por qué de este lado se ponen los muertos y del lado estadounidense se tienen las ganancias del negocio de la violencia? Es absurdo.

En México, aunque cueste decirlo, se requiere un pacto entre el gobierno federal y los grupos delictivos. No hay otra vía para salir de este infierno. Ni la Guardia Nacional, ni La Marina, ni el Ejército van a poder con el monstruo. Se requiere un pacto.

El pueblo de México no se merece este nivel de violencia.

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